El gran dictador (1940, Chaplin) y la verdad de su discurso final

El gran dictador (1940, Chaplin) y la verdad de su discurso final

Es probablemente el discurso más repetido de la historia del cine. El gran momento (de los muchos que tiene) de El Gran Dictador (1940) es sin duda su escena final. De hecho, si uno lee la mayoría de las sinopsis de esta película, probablemente encuentre un par de líneas en el que se explica que va de un barbero con un gran parecido a Hynker (parodia de Hitler) que es confundido con él por las tropas y llevado al escenario en un gran discurso, después de que el verdadero dictador acabara siendo arrestado por los suyos, que en realidad perseguían al otro.

Un maravilloso lío que ojalá hubiera sido real.

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Pero lo cierto es que la historia comienza con un par de soldados y un accidente aéreo en la Primera Guerra Mundial. Y de cómo el soldado judío (Chaplin) salva de la muerte al oficial Schultz, que queda eternamente agradecido a su salvador. Este hecho, marcará su futuro, y convertirá a Schultz en su más fiel compañero y guía.

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El caso es que el soldado judío, barbero de profesión, al cual no le dan un nombre en toda la película, quizás para hacer más universal su personaje, queda desmemoriado, sufriendo una amnesia que le lleva a pasar veinte años en un hospital.

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Cuando sale, parece ser que lo único que recuerda es que era barbero, y se dispone a abrir su antiguo negocio en su ciudad en Tomania, que ahora se había convertido en un gueto judío. Se sorprende tanto de cómo ha cambiado todo que no comprende nada de lo que está pasando, y de por qué en las ventanas de su barbería pintan grandes letras con la palabra “Judío” y hay unos extraños policías patrullando el lugar, aterrorizando y esquilmando a la gente.

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Va contra toda lógica. Se siente confuso, pero es valiente, y se enfrenta a los oficiales con mucha gracia.

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En su lucha cotidiana contra los oficiales del gueto, conoce a una chica, Hannah, que vive junto a su local, y los dos quedan prendados, entablando una amistad muy bonita.

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Pero los años han pasado, y Schultz, que sirve en el ejército de Tomania, reconoce un día a su antiguo salvador, y da órdenes a todos para que no molesten a ese barbero, ni a sus amigos del gueto, dándoles un respiro de tanta tiranía.

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En paralelo, vamos conociendo a Hynkel y a los suyos, su ministro de interior, de guerra, sus colaboradores y asistentes cercanos… Conocemos su personalidad, más cercana a la de un niño malcriado, con ínfulas de gobernar el mundo a su antojo. Y su manera de dar discursos, con un lenguaje inventado por Chaplin, una especie de alemán muy sonoro y cómico.

El gran dictador (1940, Chaplin) y la verdad de su discurso final
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Tiene un plan, invadir la nación vecina de Osterlich, pero necesita dinero. Curiosamente busca ese dinero en manos de un banquero judío, por lo que decide levantar la mano en su opresión contra este pueblo, al menos hasta que le den lo que quiere.

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Pero no se lo dan, encrudeciendo su ira contra los judíos, cosa que a Schultz no le hace ninguna gracia, por lo que es acusado de defenderlos y enviado a un campo de concentración, aunque consigue escapar y esconderse en el gueto con su amigo el barbero y los suyos, desde donde planearán la manera de derrocar al dictador.

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También conoceremos a Benzino Napaloni, el dictador de Bacteria (parodia de Mussolini) con el que Hynkel tiene que tragar diplomáticamente, y al que recibe en Tomania. Los dos hacen una exhibición de ego jugando a ver quién sube la silla más alto y peleándose con los pasteles.

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Mientras en el gueto, donde la gente se muere de hambre, el ejército frustra los intentos de atentado y arrestan al barbero y a Schultz, enviándoles a un campo de concentración. Los demás, Hannah incluida, escapan a Osterlich, que acabaría sin embargo invadida por Tomania, por lo que no había manera de huir de aquel régimen, que se extendía como la pólvora.

Los dos amigos, consiguen fugarse del campo de concentración vestidos como oficiales de Hynkel, y huyen a pie hacia el pueblo, en donde es cuando confunden al barbero con el dictador, y al dictador con el barbero mientras estaba cazando patos.

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Por lo que el auténtico Hynkel termina en un campo de concentración, y el barbero dando un discurso triunfal ante el mundo entero, que se transmitía por la radio de la época.

De pronto, subido a aquel escenario, delante de su atril, siente la necesidad de comunicarse con Hannah, a la que ha perdido y de la que no sabe nada, y con el resto del mundo. Siente que puede lanzar un mensaje esperanzador a todos los que sufren, y a los que luchan, con o contra los dictadores. Supongo que un escalofrío recorrería su cuerpo, sintiendo que aquel momento, era su momento.

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Pronuncia su discurso. Y no me digáis que este discurso no está al día. De hecho, es inmortal. Su mensaje ha perdurado durante casi cien años y perdurará otros mil. A menos que alcancemos la sociedad ideal que todos soñamos, donde haya paz, progreso, riqueza y bienestar para todos.

Es la mejor cineterapia, el mejor mensaje que el cine, una de las cumbres del progreso humano, puede transmitir. El progreso, la tecnología, la ciencia, deben ir de la mano de la humanidad, porque su origen es precisamente la humanidad.

<< Hannah, ¿puedes oírme? Donde quiera que estés, ¡mira a lo alto, Hannah! >> Y todo termina con la mirada de aquella mujer, que escuchaba la radio con asombro, reconociendo a su amado amigo y llenándose de esperanza en el momento más flaco de la historia del hombre.

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El origen de esta película es sin embargo una película Nazi. Chaplin y el director y escritor francés, René Claire (que dirigiría éxitos, como La llama de Nueva Orleans, con Marlene Dietrich, o Me casé con una bruja, con Verónica Lake y Frederick March) vieron la película de propaganda “El Triunfo de la Voluntad” de Riefenstahl.

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Aquel documental de 1935, mostraba un congreso del partido nazi, con cientos de miles de militantes y simpatizantes del régimen, al son de la música y los discursos de Hitler. Es considerado el mejor documental político artístico de la historia, pionero en el uso de los planos y de técnicas cinematográficas no utilizadas hasta entonces.

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Cámaras en movimiento, fotografías aéreas, perspectivas distorsionadas, y el uso de la música y los efectos sonoros, lo convirtieron en un auténtico fenómeno de la época. Estaba hecho para atraer multitudes que nunca se habían interesado por la política, y para despertar su fascinación por la figura de Hitler.

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La autora ha sido clasificada como una auténtica revolucionaria, y artista del cine y la fotografía. Leni (de nombre Helene) Riefenstahl se vio claramente perjudicada cuando terminó la guerra, por servir al régimen con estas películas, aunque ella siempre negó ser nazi ni saber nada sobre el holocausto, y que todo fue simplemente un trabajo, nunca se quitó el estigma, y fue juzgada y arruinada.

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A pesar de todo, sobrevivió, y murió con 101 años en 2003 y seguro que hubiera llegado mucho más lejos de no haber servido en el bando equivocado. Dejando aparte sus posibles ideas (siempre ganó los juicios por difamación por este tema), y su relación con Hitler (todo muy reprochable, desdeluego), y que parece ser que miró a otro lado de la realidad de los campos de concentración, a pesar de haber filmado con gitanos de esos campos que fueron después de rodar devueltos a la muerte (siempre dijo que no supo nada), fue una mujer totalmente visionaria y pionera.

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Volviendo al tema, cuando René Claire vio “El triunfo de la voluntad” quedó tan impresionado que le dijo a Chaplin que el mundo occidental nunca debería ver esa película, o perdería la guerra. Chaplin sin embargo se rió, y decidió parodiarla. La estudió y de ella sacó toda la sátira necesaria para hacer El Gran Dictador y meterse en la piel de Hynkel.

Había algo que le inquietaba. Hitler y él habían nacido con muy poco tiempo de diferencia y tenían un parecido físico razonable, además de su bigote. Charlot siempre dijo que aquello le parecía una ironía del destino: “Él es el loco y yo el cómico, pero podía haber sido al revés”

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Siempre dijo que el barbero no era Charlot, aunque inevitablemente todo el mundo lo identificara como tal, y que nunca la habría rodado de saber la realidad de los campos de concentración y el holocausto. A partir de ahí, ningún cineasta se ha atrevido a hacer broma con estos temas tan sumamente delicados. Por eso, su perspectiva es única.

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Chaplin no era judío, pero se le ha vinculado con ese colectivo desde siempre. Se sabe que Hitler vio la película, el director le hizo llegar una copia, pero no se sabe exactamente qué opinaba, aunque nos lo podemos imaginar. La censura llegó en muchos países, y El Gran Dictador no pudo verse en muchas partes del mundo, simpatizantes de toda clase de dictaduras, hasta pasados los años.

Pero no hay duda de que hoy, todo el mundo debería verla, se debería proyectar en las escuelas, en los museos, en todas las televisiones y festivales. Su mensaje, como decíamos antes, es inmortal.

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Os dejo con su discurso final, para vuestra reflexión.

<< Lo siento, pero yo no quiero ser emperador, ese no es mi oficio. No quiero gobernar ni conquistar a nadie, sino ayudar a todos, si fuera posible. Judíos o gentiles, blancos o negros…

Tenemos que ayudarnos unos a otros. Los seres humanos somos así, queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar a nadie.

En este mundo hay sitio para todos, la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres.

El camino de la vida puede ser libre y hermoso. Pero lo hemos perdido, la codicia ha envenado las almas, ha levantado barreras de odio nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas.

Hemos progresado muy deprisa pero nos hemos encarcelado a nosotros, el maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad.

Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos, pensamos demasiado y sentimos muy poco.

Más que máquinas, necesitamos humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo.

Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.

Ahora mismo mi voz llega a millones de seres en todo el mundo. A millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes.

A los que puedan oirme les digo: No desesperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de hombres que temen seguir el camino del progreso humano.

El odio de los hombres pasará, y caerán los dictadores, y el poder que le quitaron al pueblo se le reintegrará al pueblo. Y así mientras el hombre exista, la libertad no perecerá.

Soldados no os rindáis a esos hombres, que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen lo que tenéis que hacer que pensar y que sentir. Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como a carne de cañón.

No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres-máquinas, con cerebros y corazones de máquinas, vosotros no sois máquinas, no sois ganado, sois hombres!!!

Lleváis el amor da la humanidad en vuestros corazones, no el odio. Solo los que no aman odian. Los que no aman y los inhumanos.

Soldados no luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: El reino de Dios está dentro del hombre, no de un hombre ni de un grupo de hombres, sino de todos los hombres, en vosotros. Vosotros el pueblo tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad. Vosotros el pueblo tenéis el poder de hacer esta vida libre y hermosa. De convertirla en una maravillosa aventura.

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En nombre de la democracia utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble, que garantice a los hombres trabajo y dé a la juventud un futuro, y a la vejez seguridad. Con la promesa de esas cosas las fieras alcanzaron el poder, pero mintieron, no han cumplido sus promesas, ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres, sólo ellos, pero esclavizan al pueblo.

Luchemos ahora para hacer nosotros realidad lo prometido. Todos a luchar para libertar al mundo, para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.

Luchemos por el mundo de la razón. Un mundo donde la Ciencia, donde el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.

Soldados, en nombre de la democracia, debemos unirnos todos!!! >>

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