William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

William Castle fue uno de los directores más prolíficos de Hollywood. Nacido en Nueva York, comenzó su carrera muy joven, en Broadway, haciendo de chico para todo, montando decorados, e incluso actuando. Esa fue su primera escuela. Acabó yendo a vivir a Hollywood a los 23 años donde continuó su trabajo, y en 1943 dirigió su primera película. En sus primeros años ya había hecho decenas, normalmente westerns o policiacas de bajo coste, pero en los cincuenta dio un giro definitivo a su carrera, volcándose en el cine de terror.

Sus fans se multiplicaban y eran muy fieles, y fue pionero en promocionar sus títulos de una manera original y chocante. Le apodan “El Rey del Gimmick” (algo así como El Rey del golpe de efecto). Los trucos publicitarios en sus estrenos provocaban su aparición en la prensa y colaboraban en buena parte a su éxito comercial. Era capaz de asustar a sus espectadores con un esqueleto volador en medio de la proyección, o de montar butacas en el cine que proporcionaban ligeras descargas eléctricas en los momentos más álgidos.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Ese fue precisamente el gimmick de una de sus películas, que trataba sobre la invasión de seres extraños en tu cuerpo (una copia B de La invasión de los Ultracuerpos, que ya de por sí era serie B) El primer síntoma que un humano notaba era una especie de corriente eléctrica, y gritar era lo único que podías hacer como remedio para que no te poseyeran. Por eso electrificó las butacas de la sala, haciendo que la gente creyera que le pasaba eso, y provocando gritos por doquier. Muy ingenioso.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Para Strait Jacket (o El caso de Lucy Harbin, como se tradujo al español) no dudaba en hacerse una tourné con la estrella principal de la película, la diva en declive Joan Crawford, representando a su loca protagonista cortando cabezas a unos maniquíes y repartiendo hachas ensangrentadas de cartón entre el público.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Era un director que vivía profundamente sus películas, que a veces no eran muy buenas, pero que gracias a su entusiasmo, conseguían arrastrar a sus fans. Su manejo del crimen, el horror y el suspense le valió el sobrenombre de “el hermano pobre de Hitchcock” porque sus producciones de serie B no contaban con presupuesto, pero si con talento (aunque los críticos profesionales se cebaban con él). Y también porque alguna película suya recordaba en muchas escenas a las del inglés, que se había ganado un hueco en el terror gracias a Psicosis.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

En aquella época, la televisión se había democratizado, y el cine vivía una crisis. La gente veía películas en la tele y no pagaba entradas por ello. Eso hizo que los estudios de cine se tambalearan. Las estrellas de Hollywood también, y algunas cayeron en declive y tuvieron que participar en series de televisión o en serie B para seguir trabajando. También era el refugio de actores maduros que en su día fueron grandes estrellas. Si os fijáis, hay paralelismos con la crisis actual del cine, con el boom de la piratería, el cine online, la televisión digital …etc

Los estudios se dieron cuenta de que había un género que no era para todos los públicos y que no podía darse por televisión, el terror. El boom de Psicosis, o de Las maléficas de Clouzot (que técnicamente son una mezcla de suspense y terror) hizo proliferar esta clase de cine que fue el nicho del éxito para Roger Cornman o Castle, y para productoras como la Hammer.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Vincent Prize fue un máximo exponente, un actor genial que se unió a estrellas como Vela Lugosi, Christopher Lee, Boris Karloff y un sin fin de personalidades de este universo. Nació el “Exploitation”, una manera de explotar sangre, violencia y demás aspectos políticamente incorrectos, que no eran del agrado de la tele, dirigida a las masas a menudo puritanas.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Pero William Castle (de apellido real, Schloss, que significa “castillo” en alemán, y que cambió para disimular su origen judío para evitar el antisemitismo en la América de los 40) no contaba con buenas críticas, era normal, hacía cine de consumo rápido, películas que se rodaban en escasas semanas y que estaba hechas para el beneficio comercial. Esto le alejaba del arte para la academia de Hollywood. En realidad Castle pudo haber rodado La semilla del diablo, pero los estudios creyeron que era mejor dársela a un joven director que apuntaba maneras, Roman Polanski. No obstante él produjo la cinta, incluso hizo un cameo, esperando a que Rosemary saliera de aquella cabina, donde se había encerrado para pedir ayuda.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Comenzó siendo ayudante para la producción de Orson Welles, las localizaciones de La dama de Shangai fueron su responsabilidad, y haciendo westerns baratos, pero años después se dió cuenta de que el miedo sería más beneficioso.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Strait Jacket fue uno de sus éxitos más recordados. Todo en buena parte gracias a su estrella principal, Joan Crawford, que vivía un repunte de su popularidad por haber rodado “Qué fue de Baby Jane?” Ella sabía que a una mujer de su edad (que aunque no era exactamente conocida, rondaba los 60 años) le quedaba poco en Hollywood, que ya no tendría oportunidad de ganar un Oscar, que se le había escapado de las manos un año antes, cuando ni siquiera la nominaron, eclipsada por el talento de Bette Davis.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

En aquel momento, muerta de celos, logró hacerse la foto con la preciada estatuilla porque habló con todos los miembros de la academia (actores y gente del gremio que votaban a los candidatos) para que votaran a otra que no fuera Bette. Su animadversión es legendaria, como ya hemos comentado en este blog. Cuando ese año lo ganó Anne Bancroft, que estaba de gira con su obra El milagro de Anna Sullivan, la misma por la que la versión cinematográfica le hizo ganar la estatuilla, la Crawford salió al escenario y acaparó un momento que no le pertenecía. Incluso se trabó brevemente en su discurso inicial diciendo “Miss Craw …. Bancroft … agradece …”

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Desfiló por la alfombra roja, y se fotografió con los ganadores (entre otros, junto al actor Gregory Peck, que lo había ganado por Matar a un ruiseñor) dejando con cara de enfadada a Bette Davis, moral ganadora de aquel premio por ¿Qué fue de Baby Jane?

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Justo después comenzó a trabajar con William Castle por primera vez. En quiebra y con fama de actriz difícil y de “veneno para la taquilla” (como llegaron a calificarla), sabía que cualquier película era al fin y al cabo un sueldo, que necesitaba por sus problemas económicos, y no le hizo ascos a la serie B para seguir pagando sus facturas.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

A pesar de eso, daba lo mejor de sí misma en cada interpretación, y en Strait Jacket hizo alarde de sus facultades como actriz y del poder de sus gestos y mirada para transmitir la caída en la locura de su personaje.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

La película tenía un argumento simple. Una mujer que asesina a su marido y a la amante de este una noche que los descubre tirados en la cama cuando se ausentó y decidió regresar sin avisar. La conocemos bajando del tren.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

“Lucy Harbin, nacida y criada en una granja. Padres: Pobres; Educación: Escasa; mucha mujer y muy consciente de ello” Así aparece en plano, interpretando a una mujer de unos 30 años, cuando contaba con el doble, con un vestido estampado, el pelo a la moda y unas pulseras que tintineaban al son de sus pasos.

Lo curioso es que esa Lucy podía haber sido ella misma. Joan nació con el nombre de Lucille, en el seno de una familia muy humilde, de la que escapó en cuanto pudo, siendo consciente de que ella era “mucha mujer”

Castle rodó esa película basándose en una obra del mismo autor literiario del que salió Psicosis, Robert Block. Y al amparo del éxito de Hitchcock, promocionó Strait Jacket como una historia del mismo creador. Ambas hablan de la potente influencia en la mente de un vástago, de una madre dominante que marca su vida profundamente.

El arma homicida, sería un hacha, que se convertiría en un estupendo complemento para alguien con el rostro duro y cuadrado, lleno de personalidad, y hasta de mala leche, como el de Joan. Sus cejas pobladas, sus labios apretados, su cara de loca, eran el reclamo perfecto.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Lucy, descubre mientras se asoma por la ventana a su marido con una chica joven que se ha ligado en la taberna. Se la llevó a su casa, a su cama, incluso cuando su hija estaba en la habitación contigua durmiendo, aunque la pobre criatura, lo viera y oyera todo.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

En ese momento, la mirada a través de la ventana se vuelve enloquecida, totalmente rota. Sus paupérrimos padres, la casaron siendo muy joven con un hombre mayor, y cuando este murió, Lucy fue libre de escoger al que ahora era su marido. Finalmente había alcanzado su sueño, formar una familia con un hombre del que estuviera enamorada. Por eso se siente destrozada, y quiere una satisfacción.

No le importa que su hija estuviera allí, no le dice nada, sólo pasa frente a su cama con un hacha, con el tintin de sus pulseras, derecha a la cama conyugal, donde ve exhaustos a los amantes, dormidos bocarriba, con su cuello estirado.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Por cosas del cine B, el hombre en un fotograma no lleva camisa y en otro sí… Pero qué importa, tu sólo puedes ver el hacha… y a Lucy levantándola, ni el tintineo de sus pulseras ni sus tacones pudieron alertar al adúltero, que dormía la borrachera.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Levanta el hacha, y los descabeza, pero sigue dando hachazos hasta la saciedad. La policía la detiene, le pone una camisa de fuerza, mientras ella grita y se retuerce en el suelo: “No soy culpable, ha sido un error, no soy culpable” pero vaya si lo era…. y acaba en un psiquiátrico durante veinte años.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Descubrimos la historia en este prólogo impactante, que está contando la pequeña niña, ahora adulta, a su novio, un chico guapo que la quiere, y del que teme que la deje al conocer su terrible secreto familiar. Le cuenta que después de eso fue adoptada por sus tíos, que vivían lejos de aquel pueblo, en donde todo el mundo conocía su desgracia. Descubriremos luego que el crimen se había hecho tan famoso, que hasta los niños hicieron cancioncillas infantiles (del tipo “Don Federico mató a su mujer, la hizo picadillo y la puso a remover …” quizás os suene de cuando éramos niños) las niñas saltaban a la comba cantando “Lucy Harbin, cogió un hacha ….” y se hicieron caretas con el rostro de la sesina de la misma manera en que hoy podemos encontrarnos caretas del asesino de Scream. Impresionante. Por cierto que esto de la comba y las canciones infantiles me sonó mucho a Pesadilla en Elm Street, con su “Uno, dos, Freddy viene a por tí. Tres, Cuatro, el hombre del saco” … escalofriante.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

¿Reconocéis este rostro? Es el de la senadora cuya hija fue secuestrada por el asesino de El silencio de los corderos. La actriz Diane Baker, a la que hemos visto en muchas películas y series.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Tambien aparece George Kennedy, el mismo que ganaría un Oscar tres años después por La leyenda del indomable, con Paul Newman. Hace del mozo de la granja, del que no te fías ni un pelo, porque es bastante extraño, parece un poco sádico y encima luego veremos que es un aprovechado con pocos escrúpulos.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

La joven se lo cuenta a su novio porque ese mismo día su madre era liberada. Iba a volver a casa con su familia, su hermano, su mujer y su hija. Cuando regresa, todos se dan cuenta de que sigue muy perturbada. Haciendo cosas raras con los cuchillos, obnubilida cuando el empleado de la granja le corta la cabeza a un pollo, teniendo horribles pesadillas con la noche del suceso. Todo muy extraño. En todo momento sospechas que aquella mujer acabaría blandiendo un hacha de nuevo.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

La chica necesita que la madre esté decente para presentarla a su futuros suegros. Ellos son de un estrato más alto, adinerados, y miran con recelo la relación de su hijo con esa joven con tantos problemas.

Su hija se empeña en vestirla como hacía veinte años. Con el mismo vestido, las mismas pulseras, la misma peluca … y ella accede por dar placer a su hija, pero se siente muy mal vestida de aquella manera. Pronto empiezan los asesinatos, pero te vas a acabar dando cuenta de que todo está relacionado. No os quiero hacer más spoilers, porque merece la pena que la veáis. Pasaréis un buen rato, seguro.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Después de este repunte de popularidad, Joan Crawford no se sentía satisfecha. Quería un Oscar, pero haciendo películas B no lo conseguiría.

Intentó repetir el éxito de Baby Jane, pero no fue posible. Robert Aldrich, mismo director de aquel film, era reacio a contó con Joan para Hush Hush sweet Charlotte (Canción de cuna para un cadáver), pero Bette Davis negoció mejor, convirtiéndose en productora, con mano en la dirección creativa de la cinta. Esto encrudeció su enemistad. Crawford no soportaba que Bette opinara sobre su actuación, que le apuntara cómo debía interpretar su papel, y sólo aguantó cuatro días.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Como curiosidad, fijaos en la botella de Pepsi junto a Joan. Ella heredó la posición de su difunto esposo en la compañía y publicitaba la bebida donde fuera. También lo hizo en Strait Jacket. Aunque años después Pepsi la acabaría también abandonando, sumiéndola más en la ruina. La historia fue muy triste para la Crawford, que acabó sus días muy sola y olvidada por la industria injustamente.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Después de numerosas discursiones en el set de Sweet Charlotte, se sentía menos que la estrella principal, y empezó a fingir que estaba enferma para no tener que trabajar, y arruinar el rodaje, que a punto estuvo de cancelarse porque los costes de la producción se disparaban cada día que se perdía. Ingresó en el hospital con síntomas poco claros, y vagos, probablemente más psicológicos que físicos. Al final terminó demandada por no cumplir con su contrato, y sustituída por Olivia de Havilland, amiga personal de Bette Davis, que confiaba más en ella que en Crawford.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Antes de acabar, dejadme contaros otra película de Castle, también con Joan Crawford, rodada un año después, y que merece más reconocimiento del que tiene. Se trata de “Vi lo que hiciste y sé quién eres”

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Esta pequeña película, trata de unas chicas adolescentes que se quedan solas en casa. Los padres de una de ellas van a una cena fuera de la ciudad, y no regresarían hasta la mañana siguiente. Por lo que la chica llama a su amiga para hacer una especie de fiesta de pijamas y pasarlo bien. Lo malo es que su hermanita pequeña también estaría allí, y tendrían que hacer de niñeras, pero bueno, no pasa nada, porque pueden hacerla cómplice de sus travesuras, y la niña era muy espabilada.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Las tres se ponen a jugar con el teléfono. En aquella época no había identificación de llamadas, por lo que esto era perfecto para hacer bromas telefónicas. Cogen el listín de teléfonos, y llaman al azar a todo nombre que les llama la atención. Fijen ser una exhuberante amante que llama a un hombre por la noche para quedar, y su mujer contesta al teléfono. Se lo pasan pipa haciendo sus bromitas, por pesadas que fueran. Las escenas de las bromas telefónicas son muy divertidas, siendo pequeños cortos en sí mismos.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

De pronto se ponen a jugar a decir a sus interlocutores …. Vi lo que hiciste y sé quién eres ….. con voz misteriosa. Pero dan a parar con un teléfono, en donde un hombre acaba de asesinar a su mujer en la ducha. La escena del asesinato te recoradará a Psicosis, de nuevo Castle aprovechaba ese tirón.

Cuando el asesino dice: Quién eres ? y qué sabes ? a las chicas les suena incluso sexy, y deciden ir a conocerle. Qué estupidez la suya.

La vecina del asesino, Joan Crawford, también lo sabía. Ella quería al hombre para sí, estaba convencida de que incluso podría chantajearlo para que se casara con ella. Qué pardilla, no se puede con un psicópata.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.
William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Todo se mezcla, todos se encuentran, y el asesino está decidido a deshacerse de todo el que sepa lo que acaba de hacer con su esposa en la ducha.

William Castle y Joan Crawford, la loca del hacha.

Francamente, el argumento es bueno, pero la música, tipo Tribu de los Brady, no le hace gran favor.

Si te gustó Psicosis (¿a quién no?) tienes que ver estas dos películas. Además se pueden ver fácilmente online, puesto que son clásicos de los sesenta, y duran poco, sobre la hora y media. Te aseguro que ambas merecen la pena y verás cómo se pueden dar mil vueltas de tuerca a los momentos clave que hicieron del clásico de Hitchcok un clásico del terror y del suspense más allá de cualquier época. Recomendable verlas en versión original, porque ya se sabe que el doblaje a veces mata las interpretaciones de los actores originales, y así sus gritos suenan mejor ;-)

 

Anuncios

¿Y tú?, ¿qué opinas de esto?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s