El gran cuaderno (2013)

El gran cuaderno (2013)

Qué película más dura. Qué descarnizada y horrible es una guerra. Aunque su director la definió como una película de guerra en la que no hay guerra, y es así, no se centra en batallas, soldados y bombas, sino en la vida de gente corriente. La escasez, el peligro constante, la deshumanización del enemigo y del propio. No tengo palabras que reflejen lo que siento después de haberla visto. Aquí no hay ñoñadas, ni historias de amor, ni melodramas de televisión. Se trata de algo que te estremece por lo real, sin adornos narrativos, ni cae en tópicos sobre este tema. Creo que esto no lo pueden contar mejor que los cineastas de Europa del Este. La vida ha sido muy dura en esos territorios durante muchos años.

El gran cuaderno (2013)

Está basada en el éxito literario de la escritora húngara, Agota Kristof (1935 – 2011) “Le grand cahier”, obra compuesta por tres libros, y por la que se convirtió en premio europeo de literatura francesa en 1986. Ella se exilió de su país, a Suiza, después de que el pacto de Varsovia (la alianza militar de Europa del Este) acabara con la revolución que intentó librarse del yugo soviético. Allí trabajó en una fábrica de relojes, y aprendió francés. Comenzó a escribir en esa lengua y alcanzó el éxito. Su novela se ha traducido a más de 30 idiomas. A punto estuvo de ganar el premio Nobel. Podemos encontrar esta trilogía en un solo libro, Claus y Lucas. La vida de Agota fue dura, la guerra y la postguerra la marcó profundamente, pero su suerte cambió gracias a su esfuerzo. La pena es que no vivió lo suficiente como para ver esta adaptación a la pantalla de su gran obra.

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Los protagonistas de esta independiente película húngara son dos niños gemelos. Ellos son uña y carne (siempre he querido tener un gemelo) como una sola persona. Viven felices con sus padres, como cualquier niño, hasta que se recrudece la guerra y sus vidas cambian. Es 1942, y las bombas asedian Budapest. Aquellos niños habían llevado una vida cómoda, pero este fue un punto de inflexión.

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Su padre es llamado a filas y su madre tiene que marcharse de la ciudad, no sabemos a dónde ni qué va a hacer, pero no importa, ella quiere proteger a sus hijos de todo ese horror y cree que lo mejor es llevarlos al campo lo más alejados posible del foco del conflicto. Los lleva con su abuela, una mujer dura, muy recia, que vive sola en una granja, viuda, emborrachándose y maldiciendo a un marido que por lo que parece no la trató muy bien.

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Madre e hija llevan muchos años sin verse. No conoce a su yerno, ni a sus nietos, parece que discutió con su hija y esta se marchó sin dar ninguna noticia a su madre por décadas. Quizás es la vieja historia de conflicto generacional. Sin embargo aquella mujer cree que es mejor volver con la cabeza gacha, tragarse su orgullo, y suplicarle que se quede con sus nietos para quizás hacerlos el favor de sus vidas y librarlos de crueldades impensables en una ciudad que se había tornado nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

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La abuela es fría, muy dura con ellos. Los llama bastardos, nunca nietos. No les daría un beso ni un abrazo nunca, ni los haría la comida encantada de la vida, como hacen las abuelas. Todos la llamaban la bruja, con eso podemos imaginar cómo era esta señora. Decían de ella que envenenó a su marido. Vivía aislada en el último pueblo de Hungría con la frontera con Austria. Si cruzabas el río junto a su granja, ya estabas en otro país.

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Los niños, de unos 12 años, se despiden amargamente de su madre, que se va corriendo y llorando mientras ellos gritan. No querían estar allí, no se sentían en casa. Su padre les había dado un cuaderno para que les sirviera de diario. “Apuntadlo todo, quiero saberlo todo, hijos” Ese será el hilo narrativo de la película. “Estudiad, no perdáis la rutina” Sólo tenían un libro-enciclopedia de su padre, y una Biblia, que era buena para hacer dictados y ejercitar la memoria.

Mirad estos fragmentos, que constituyen las reglas que acaban adoptando para escribir:

El gran cuaderno (2013)
  • Para decidir si algo está “bien” o “mal” tenemos una regla muy sencilla: la redacción debe ser verdadera. Debemos escribir lo que es, lo que vemos, lo que oímos, lo que hacemos.
  • Está prohibido escribir: “el pueblo es bonito”, porque el pueblo puede ser bonito para nosotros y feo para otras personas.
  • Del mismo modo, si escribimos: “el ordenanza es bueno”, no es verdad, porque el ordenanza puede ser capaz de cometer maldades que nosotros ignoramos. Escribimos, sencillamente: “el ordenanza nos ha dado unas mantas”.
  • Escribiremos: “comemos muchas nueces”, y no: “nos gustan las nueces”, porque la palabra “gustar” no es una palabra segura, carece de precisión y de objetividad. “Nos gustan las nueces” y “nos gusta nuestra madre” no puede querer decir lo mismo. La primera fórmula designa un gusto agradable en la boca, y la segunda, un sentimiento.
  • Las palabras que definen los sentimientos son muy vagas; es mejor evitar usarlas y atenerse a la descripción de los objetos, de los seres humanos y de uno mismo, es decir, a la descripción fiel de los hechos.
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Los pobres gemelos son víctimas de continuas palizas de todo el mundo, de su abuela, que les trata a palos y les exige trabajar en la granja para ganarse el pan, y de cualquier adulto que se cruce por ahí y le de la gana desquitarse con unos críos traviesos, porque era chicos curiosos e inquietos, eso sí.

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Por eso, deciden que lo mejor es endurecerse. Se dedican a pegarse con un cinturón y a darse de tortas, para acostumbrarse y que no les duela nada. Esos ejercicios para endurecerse van siendo cada vez peores. Acaban siendo ejercicios para el dolor externo e interno. Para los golpes, para matar, para soportar las pérdidas, al fin y al cabo, para deshumanizarse.

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Alrededor de casa de la abuela no hay nadie. Sólo una vecina, que está ciega y sorda, y vive con su hija, una niña como ellos, que tiene labio leporino. Lleva la cara sucia, el pelo corto, la ropa raída, es feucha y delgada. La imagen triste de la guerra. “Labio partido” la llamaban los gemelos, que se hicieron amigos después de una aventurilla en el pueblo, cuando esa niña le robó algo de comida a su abuela mientras vendía en el mercado callejero lo poco que sacaba de su granja.

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Este personaje es mi favorito, su historia dentro de la película es estremecedora, triste e injusta, como la guerra en sí. También hay otro personaje impactante, el soldado que encuentran herido y abandonado alrededor del bosque. “Agua y mantas” les pedía, pero ya era tarde…

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La abuela tenía una pequeña casa junto a la granja, que fue tomada por un comandante nazi como vivienda y cuartelillo para su pelotón, que defendía la frontera junto al río. Era un hombre peculiar, que no hablaba húngaro, siempre iba con su traductor, y que llevaba un collarín. Un día ve a los niños molerse a palos y pregunta qué hacen. “Ejercicios para endurecernos” contestan. El nazi se hace su amigo, cosa que les acabaría salvando cuando otros les dan un palizón para interrogarles.

El gran cuaderno (2013)
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Hay más personajes con los que se cruzan historias. La ayudante del reverendo, un orondo cura que había pagado dinero a Labio partido por enseñarle “su rajita”. Los gemelos le chantajean con contarlo si no les da a ellos dinero también. La ayudante era una chica guapa, típica aria, que compraba leña y patatas a la abuela de los críos.

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Esta se divierte un día con ellos haciendo lo que se consideraría abuso sexual de los chiquillos. Se asomaba por la ventana viendo a los judíos desfilar hacia la muerte y los campos de prisioneros, con una deliciosa tostada en la mano “Eh judíos, ¿tenéis hambre? jajajaja” “Llevaos al zapatero, él también es una rata judía”

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El zapatero, un pobre hombre que había regalado botas de goma a los gemelos. Él sabía que el final estaba cerca. El se judío se había hecho amigo de los niños con un pequeño gesto. Se convertiría en el motivo por el que los gemelos cometen su primer acto para asesinar, el primero de varios. El asesinato sería un ejercicio más para su endurecimiento.

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Y así pasan años. La abuela sufre infartos, pero sigue trabajando duro. Los chicos se han convertido en los hombres de la casa. “Hay algo peor que trabajar”, decían, “mirar cómo trabaja otro”, sentían vergüenza de ver cómo trabajaba una anciana, por muy robusta que fuera.

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La madre acaba regresando con un bebé en los brazos, que no era de su padre. Era una noche de bombas. Hay tragedia. Pero esos chicos se quedan donde estaba. El padre también regresaría, profundamente afectado, había sido prisionero, le habían torturado, arrancado las uñas. Acabaría formando parte del último paso para endurecerse de los gemelos.

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Todo es estremecedor, sucio, triste, oscuro. Quizás no se entienda bien los sentimientos de esos muchachos. Es que acaban por no tenerlos. La guerra es una fábrica de psicópatas.

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El director, János Szász supo rodearse de un buen equipo técnico, habitual de Michael Haneke, el director de fotografía había trabajado en “La cinta blanca” Esto se nota, en su impecable técnica.

El cineasta dijo que el mayor desafío fue hallar a los hermanos gemelos. Estuvi seis meses de poniendo anuncios en todas las escuelas de Hungría, y dieron con los hermanos András y László Gyémánt. Ellos eran perfectos. De un pequeño pueblo del este, muy humildes.

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Ganadora del Gran Premio Globo de cristal del prestigioso Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary, fue presentada por Hungría a la carrera de los Oscar en 2014.

El gran cuaderno (2013)

Nada de sentimentalismos, de melodramas, de absurdeces. Pura realidad bélica. La infancia destrozada por la guerra. Niños crueles, porque la vida les ha hecho así.

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