El enigma de “La Cabina” (1972, Antonio Mercero)

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Muchas veces me pregunto si el objetivo de esta web debe ser también hablar de cine en decadencia, de películas que están cayendo en el olvido colectivo y que merecen ser rescatadas y destacadas en nuestro panorama social actual. Me he dado cuenta, hablando con la gente que me rodea, de lo desconocida que es esta pequeña obra de arte cinematográfica, contada en poco más de media hora, para las personas de mi generación.

Recuerdo que cuando era pequeño, escuchaba hablar de “La cabina”, incluso recuerdo haberla visto en la televisión, como quien ve por casualidad una película antigua, solo que en aquellos noventa, tampoco lo era tanto, porque se había estrenado en 1972. Cuando era niño no la comprendía en absoluto, sólo la miraba embobado preguntándome qué le pasaba a ese hombre y por qué no podía salir de la cabina de teléfono. Y me daba miedo, mucho miedo, sobretodo la música apocalíptica del final, y el largo pasillo de cadáveres como el protagonista. Aparcados y abandonados a su suerte. Algunos enloquecieron y se suicidaron. ¿Qué les hacían? quizás nada, quizás solo indiferencia.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Destripemos juntos este mediometraje y contadme por favor cómo lo veis y qué significa para vosotros. Cualquiera puede verlo en plataformas como Youtube, es un vídeo de dominio público que debe ser visto por todo amante del cine, y que forma parte de la historia de nuestra filmografía española.

Argumento y escenas

Todo comienza rápido, la música nos lleva a una vista aérea de una plaza de un barrio cualquiera. Está rodeada de bloques grises y en medio hay un parque. Se ve cómo llega un camión verde militar por la carretera cargado con una cabina de teléfono roja. Este echa marcha atrás y cuatro hombres vestidos con un uniforme de trabajo marrón, a juego con el vehículo, montan la cabina en medio del parque.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Llama la atención que dejan la puerta entreabierta, dejándola preparada como si fuera una trampa, un pequeño detalle que probablemente signifique mucho. Como también el del hecho de que montaran el teléfono sin conectar ningún tipo de cable, como si montaran un atrezzo para el teatro, un teléfono de adorno.

Es por la mañana de un día laborable. El jardinero riega los arbustos del parque y los niños se preparan para ir a la escuela. El autobús del colegio está en la puerta y la gente llega tarde a su trabajo, caminando apresurados por la calle, mirando su reloj.

Llega nuestro protagonista, acompañando a su hijo hacia el autobús. El niño va botando una pelota y la pega una patada usando la cabina de portería. La puerta está abierta, y el niño entra a recoger su balón, deteniéndose un momento para observa el teléfono y tocar un poco.

-Anda hijo, no te entretengas, vas a llegar tarde

-Es nueva, Papá.- dice refiriéndose a la cabina.

Entonces el niño besa a su padre y sale corriendo hacia su autobús escolar y el padre le observa hasta que se marcha. Ahora tiene que ir a trabajar. Lleva una corbata muy curiosa, estampada, y un traje gris. Pasa por delante de la cabina y quiere hacer una llamada, me pregunto cuál, quizás al trabajo, a su mujer, a su amante… quién sabe. Lo cierto es que parece aliviado después de que el niño se fuera. Caminaba tranquilo, con las manos atrás. Saca una moneda y la mete en el teléfono, pero no parece tener línea. Lo curioso es que mientras cuelga y descuelga para intentar llamar, la puerta se va cerrando poco a poco, hasta que se cierra del todo.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Cuelga resignado y cuando empuja la puerta, esta no se abre. Lo intenta de nuevo otra vez más y otra, pero no se abre. Se está agobiando un poco, hace calor, y se pone nervioso. De pronto aparecen dos hombres hablando del trabajo, de su jefe, y observan al protagonista en apuros. Se acercan e intentan abrir desde fuera, pero es imposible, se ha quedado atascada. No pueden perder mucho más tiempo, van camino del trabajo, así que le dejan ahí.

-Hasta luego. Qué haya suerte!- le dice uno socarronamente.

Para colmo aparecen cuatro o cinco niños, ¿por qué no estaban en el colegio como todos los demás? Y comienzan a reírse de él.

-Eh, ¿qué te ha pasado?, ¿te has quedado encerrado?

Forman un pequeño revuelo que atrae a las señoras que vuelven de hacer la compra, llenas de bolsas de plástico y con el bolso a cuestas. De pronto se forma un círculo que observa la escena del hombre encerrado, como el que ve la televisión. Incluso dos señoras se ponen a hacer punto en un banco cercano mientras ven todo y comentan con ironía.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Llega un hombre grandote, que lleva una bolsa de deporte blanca con un puma negro de una marca muy reconocible. Todo el mundo le jalea, es el fortachón de aquel circo, el hombre forzudo de la vecindad.

-No se preocupe, esto es fácil.- dice para tranquilizarle.

Pero tira con tanta fuerza que se queda con el pomo en la mano, tirado en el suelo, y bajo las burlas de los vecinos que observan todo como un teatro. Se marcha resignado.

-Si es tan fácil, ¿por qué no lo intentáis? – dice retando a los mirones.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Se ha montado tal espectáculo, que hay hasta gente mirando con prismáticos desde su terraza. Un hombre lleva una silla, y un espejo, y se queda para observar todo. El espejo refleja a nuestro amigo, que se mira sintiendo vergüenza, arreglándose la corbata y el pelo para aguantar la situación. Se siento observado, oprimido, todo es muy embarazoso.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

De pronto el hombre que lleva el espejo, que parece muy manitas, saca un destornillador y dice:

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

-Más vale maña que fuerza.- y comienza a encontrar un recoveco donde poder meter su palanca y abrir la puerta, pero no lo consigue. Tampoco ha servido la maña. Llega la policía atraída por la muchedumbre. Ellos tampoco pueden hacer nada y llaman a los bomberos, que terminan intentando probar algo que nadie había probado, sacarlo por el techo.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Pero justo cuando están a punto de romper el cristal de arriba, antes de que dieran el primer martillazo, llega el camión del principio a toda prisa, pitando e interrumpiendo el rescate.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

¿Por qué nadie pregunta nada? Ni la policía, ni los bomberos, ni los vecinos… nadie pregunta, sólo miran embobados cómo esos cuatro hombres se bajan del camión con dos barras de hierro largas y desatornillan la cabina del firme para llevársela en volandas como si fuera un paso de Semana Santa.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

-Adiós! No se preocupe, le van a sacar. Que tenga suerte- le gritaba la muchedumbre mientras aplaudía. Todos le despiden con la mano cuando le montan al camión. Incluso corren detrás. Increíble.

Todo es muy extraño. El hombrecillo está muy angustiado y no entiende nada. ¿Pero cómo pueden llevárselo en volandas y montarlo en el camión delante de todo el mundo? Para colmo empiezan a pasearle por Madrid ¿A dónde le llevan?

Empiezas a pensar que no quieren sacarle, pero ¿entonces qué? ¿Quiénes no quieren sacarle? ¿Quiénes le han metido ahí?

-Mírale qué pinta tiene!- le gritan desde un coche en un semáforo.

-Oye, telefonea!- le dicen para reírse de él.

De pronto, ve cómo otro hombre cuelga el teléfono de una cabina igual que la suya. Le observa con miedo ¿le pasará a él lo mismo? Pero sale sin problemas abriendo la puerta roja que él no pudo abrir. Un gesto de “Buah!” sale de los labios del protagonista ¿por qué a él no le pasa?

Le siguen llevando hasta las afueras. De pronto se paran delante de una Iglesia donde se está celebrando un funeral. La cajita del muerto era de cristal, transparente, como la cabina de teléfono en la que iba. Pero al cadáver lo miraban con pena, con lástima, y no con sorna como le habían mirado a él en las calles.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Entonces reparas en el extraño símbolo del camión. Una especie de rueda de teléfono encerrada en un extraño cuadrado, como si fuera la rueda de los números de un teléfono de antes, pero quizás sea un símbolo que encierre más significado.

De nuevo hacen otra breve parada por el tráfico, y se detienen delante del patio de un colegio.

-Se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá. Do-Re-Mi Do-Re-Fa, no sé cuándo vendrá….. – cantaban los niños jugando al corro.

Otro camión exactamente igual se para a su lado. Lleva a un hombre, por cierto muy parecido físicamente (el actor Agustín González) encerrado como él. Ambos se hacen gestos queriéndose preguntar qué pasa, por qué les ocurre esto, pero el semáforo se abre y los camiones se separan.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Entonces el protagonista toma conciencia de que va a morir. Se pone muy nervioso, empieza a intentar romper el cristal de abajo, dando golpes desesperados queriendo salir de su prisión. Intenta llamar a su captores, pero sólo les ve la espalda, no hay manera de que le expliquen nada. Entonces pide ayuda a la gente de la calle, que mira embobada. Saluda, no se lo toman en serio. Saludan como la gente que saluda a los autobuses de turistas con la mano desde la calle.

Cae al suelo derrotado, y simplemente mira por la ventana. Llegan a una especie de vertedero, donde hay unos artistas de circo que le miran.

-Mirad lo que hay ahí.- dicen. Y se suben a un muro para observarle. Uno de ellos es un enano que sostiene un barco dentro de una botella. Todos le miran con la cara pintada y sus sobreros de feriantes.

Un niño sale a jugar con una pelota de lo que parece ser una vivienda pobre. Sigue al camión para saludar al hombre con la mano, y este recuerda a su hijo despidiéndose de él desde el autobús del cole. Sería la última vez que le vería. Saca la foto de familia de la cartea, y esboza una sonrisa leve. De pronto recuerda cómo se cerró sola la puerta de la cabina detrás de él. El nunca la cerró, se cerró sola, como si fuera un cepo.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Un helicóptero les escolta. Pide ayuda para ver si hacen algo los que están en el aire, pero nada. Nadie hace nada. Atraviesan una carretera escarpada, llena de curvas, con el helicóptero siguiéndoles. No sale de su asombro. ¿A dónde le llevan?

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Entran en un largo túnel. Una música apocalíptica acompaña a las escenas de ese hombre mirando a todos los lados, adentrándose en las profundidades de la montaña. Allí hay más camiones, y más operarios arreglando y preparando más cabinas. Recorren el túnel hasta llegar a una especie de sala gigantesca con un gancho.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Enganchan la cabina a la grúa y esta se eleva cientos de metros hasta colocarle en una cinta transportadora.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Va recorriéndola observando horrorizado que hay muchas más cabinas como la suya, llenas de más personas, de cadáveres tirados hechos jirones y esqueletos. Le colocan en una especie de aparcamiento, junto a una cabina con un hombre que se ha ahorcado con el cable del teléfono.

Se angustia, pero se derrota. Las últimas escenas son en las que se apoya en el cristal y se deja caer lentamente, con la mano en alto queriendo salir de ese ataúd.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

La película termina con la misma cabina, colocada en una plaza cualquiera de un barrio cualquiera, con la puerta entreabierta, invitando a entrar y esperando a la próxima víctima.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

¿Cómo se hizo? ¿De dónde salió la idea?

A lo largo de estos años, su director, Antonio Mercero, ha hablado muchas veces de esta película y de cómo se gestó. José Luis Garci y él escribían un sketch cómico y hablaron de lo gracioso que sería un hombre que se quera metido dentro de una cabina telefónica. Abandonaron la idea, pero él se quedó con la pequeña obsesión del hombre encerrado en su cabeza. Un día mientras caminaba pensó en un mundo subterráneo donde habría gente en cabinas telefónicas muriéndose dentro de esas pequeñas cajitas. Entonces llamó de nuevo a Garci y le dijo que tenían que desarrollar un guión con una historia que empezara con un hombre normal encerrado en una cabina, y finalizara con ese mismo hombre muriendo en una extraña galería llena de gente en su misma situación. Fue así como elaboraron la historia.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Después había que buscar al actor, que era la pieza central de todo, el que llevaba toda la carga de la película. Debía ser un hombre expresivo, porque no se le oiría y su trabajo quedaría reducido al de un mimo. José Luis López Vázquez era ese hombre normal que buscaban. El español medio, bajito, calvete, con bigote, ni feo ni guapo, que representaba al hombre gris totalmente cotidiano. Tenía mucho trabajo en los setenta, y era un espléndido y laureado actor. Acababa de hacer otra película controvertida llamada “Mi querida Señorita” donde hacía de hombre que había sido criado toda su vida como una mujer y que empezaba a sentirse un travestido.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Los extra merecen mención especial. Sobretodo los que rodean al protagonista en la plaza. Cada uno tiene algo, desde las señoras que se sientan a tejer mientras observan el espectáculo como si fuera la televisión, hasta el hombre alto que le roba los bollos al chico bajito que lleva la bandeja sobre su cabeza. Monjas, policías, bomberos, porteras y todo tipo de personajes variopintos.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

La ambientación no se limitaba a la plaza donde empieza todo, sino que era muy importante encontrar itinerarios por donde pasear la cabina y encontrarse con situaciones pintorescas, como el funeral o los artistas de circo. A destacar el paseo por el Madrid de aquella época. Desde la Plaza de Arapiles, donde se queda encerrado el protagonista, pasando por los Scalextric de Atocha y los alrededores de la capital, y túneles subterráneos y zonas que se construían en aquellos años.

Y lo más importante, debían encontrar un lugar propicio para rodar el final. La presa hidroeléctrica de Aldeadávila, en Salamanca, era perfecta. También lo eran parajes cerca de Portugal e incluso la terminal de carga del Aeropuerto de Barajas, donde se rodaron las escenas del gancho que elevaba la cabina.

Ah, se me olvidaba hablar del objeto más importante, quizás el auténtico protagonista de todo, la propia cabina. Debía de ser roja, para transmitir angustia, y luminosa, con las ventanas amplias para poder ver al pobre incauto dentro sin problemas. Se sustituyó el vidrio por plástico para evitar accidentes, además se quitaba una parte para que José Luis López Vázquez no se asfixiara dentro, porque se rodó en verano y hacía un intenso calor

¿Qué significa?

Bien amigos, este es el punto complicado, el sacar significado a todo este sinsentido lleno sin embargo de mucho sentido existencial. Porque este es el único sentido que le encuentro, totalmente metafórico y relacionado con el viaje del hombre desde la vida hasta su muerte. También lo relaciono con tus miedos, con la represión y tus condicionantes.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Hay también muchos ingredientes para especular sobre la teoría de la conspiración. El camión parece un camión militar, los operarios tampoco son normales, al igual que la manera en la que preparan la cabina, sin hacer reparo en poner un teléfono de pega dentro y una puerta con una trampa.

Quieren cazar personas, quizás para algún tipo de experimento sobre la angustia y el encierro. O quizás son un sacrificio, una especie de limpia de la sociedad. Este hombre ¿era bueno? ¿malo? Qué hacía ¿era infiel? ¿era mal padre? Esto último al menos no lo parece. ¿Dónde trabajaba? ¿quién era nuestro amigo de la cabina?

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

No puedes evitar pensar que al principio su hijo entró en la cabina, pero recordemos que no descolgó el teléfono. Parece que la puerta se cerraba en el momento en el que colgabas y descolgabas el aparato, y el niño no lo hizo. Pero, ¿hubiera atrapado a ese niño? ¿es totalmente aleatoria la elección de la víctima?

El hecho de que la policía y los bomberos dejaran paso sin rechistar a esos operarios parece que responde a una obediencia a un mando superior. ¿Una unidad militar? O simplemente dejadez y “ya lo arreglarán otros”

Cada vez que la veo la interpreto de una manera distinta. Pero la mayoría de las veces veo la historia de un hombre que camina hacia la muerte, su propio viaje, su purgatorio. Llegando a una especie de infierno donde le espera la eternidad encerrado y de donde nunca saldrá.

En esta vida somos como el pequeño barco dentro de la botella que sostenía el enano. Estamos encerrados de muchas maneras, dentro de nuestras cajitas llamadas moral, religión, principios, educación…etc y terminamos en una cajita como la del funeral que observa desde la carretera.

Me llama la atención el circo que se monta en la plaza. Con gente de todo tipo observando el espectáculo, incluso aprovechándose de él, como el que robaba los bollos. A veces estamos encerrados en actitudes e ideas que nos hacen sentir vergüenza, como la que sentía él al mirarse por casualidad en el espejo del hombre de la plaza, y nos convertimos en un espectáculo.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Podemos estar encerrados en una cabina de la que no podemos salir, y la gente nos mira desde fuera como quien mira la tele, como un divertimento. Nuestras cabinas son de muchos tipos, morales, sexuales, religiosas…etc y hay mucha gente que disfruta viéndote sufrir dentro de ellas.

Este hombre nunca salió, pero se supone, si aceptamos esta interpretación, que podría haber salido si hubiera podido y querido. A lo mejor ya era demasiado tarde para él. Podría haber abierto sin más como el hombre con el que se cruza cuando viajaba en el camión. Él no se quedó atrapado. Supo abrir su cabina, una metáfora quizás del armario, de la represión.

En cualquier caso, le pasa a mucha gente, él no era el único, como vemos al final, y la muerte les llega encerrados en esa prisión, que quizás sea ellos mismos. Su cabina, era su destino, y su hijo supo salir de ella con su balón en la mano y con total naturalidad.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Premios

El mediometraje se emitió en Televisión española en 1972 y no fue muy comprendido en España, aunque sí muy popular. La gente empezó incluso a tener miedo de cerrar la puertecita de las cabinas telefónicas. La propia empresa Telefónica pidió al actor protagonizar spots en donde se le veía poder salir sin problemas de una cabina con la puerta cerrada.

Pero donde más éxito obtuvo, y esto suele pasar, fue en el extranjero. Se emitió en diferentes partes del mundo y triunfó en diferentes festivales de televisión internacionales, algo que un programa de España nunca había conseguido antes. Fue un éxito en Estados Unidos, ganando el premio Emmy en 1973, marcando un hito en la historia porque era la primera vez que lo ganaba España.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

Pasado el tiempo fue diluyéndose, y en 1998, cuando se liberalizó el sector de las telecomunicaciones en España, se volvió a rodar un anuncio con José Luis López Vázquez, esta vez saliendo de una cabina que abría su puerta para transmitir a la gente que el fin del monopolio de Telefónica había llegado.

La popularidad de esta película en el siglo XX es indiscutible, y no puede perderse en el XXI. Todos podemos quedarnos encerrados en nuestras propias cabinas, donde moriremos sin ayuda y aislados.

La Cabina (1972, Antonio Mercero)

 

 

Anuncios

Una respuesta a “El enigma de “La Cabina” (1972, Antonio Mercero)

¿Y tú?, ¿qué opinas de esto?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s