“Dos días, una noche” Drama laboral teñido de crisis

Dos días, una noche

Que el mundo laboral es duro y cruel no es ninguna novedad para nosotros. Lo que empieza a sorprendernos más es que esa misma crueldad se extienda hacia los empleados, a los que un día llamaste compañeros. Esta historia trata sobre eso y sobre muchas más cosas, todas a rebufo de la crisis, la falta de trabajo y el miedo a perder el empleo.

“Dos días, una noche” es una pequeña película belga que ha dado muchas satisfacciones en el Festival de Cannes, así como en la Seminci de Valladolid. Se adentra en una PYME, parece una especie de fábrica, en donde se están haciendo recortes de personal y en donde, de pronto, han descubierto que sobra un trabajador. Esa “mano de obra sobrante” es Sandra, interpretada por Marion Cotillard, una actriz de 10, y que tiene el talento natural de las buenas actrices francesas como Juliette Binoche, Isabelle Huppert ó Catherine Deneuve, siempre talentosas sin demasiados adornos, por algo tiene un Oscar. Ella soporta todo el peso de la película, acaparando el 90% de los planos.

Dos días, una noche

Sandra ha estado un tiempo ausente del trabajo por lo que parece ser depresión o ansiedad, cuando regresa, se encuentra con que el jefe ha puesto a sus empleados en una auténtica encrucijada. Sólo hay sitio para ella si todos renuncian a su prima, o dicho de otro modo, deben elegir entre salvar el puesto de trabajo de su compañera o cobrar el bonus (que ronda los mil euros, toda una pasta en estos tiempos para gente que no cobra ni eso al mes).

El jefe organiza una votación para que los empleados se pronuncien y sólo 2, de los 16 que votaron, estaban de acuerdo con eliminar la prima y mantener a Sandra en la plantilla. Es entonces cuando la película empieza.

Dos días, una noche

Comienza con unos planos de nuestra protagonista, en la cama, sin ganas de nada, esperando las noticias de su empresa, el resultado de ese perverso referéndum. Cuando su amiga le llama y se lo comunica, no se extraña mucho, pero consiguen hablar con el capataz y convencerlo para que repitiera el proceso. La primera vez habían sido influenciados por la presencia del jefe, por eso en esta ocasión debían votar sin él delante y con la seguridad de que su voto será secreto. El jefe, que había sido abordado en el parking, sale deprisa con su coche, diciendo que sí por la ventanilla, temiendo que todo eso no cambie nada para nadie.

Dos días, una noche

Entonces Sandra, animada por su amiga, su marido y con el aliento de hacerlo también por el bienestar de sus hijos, comienza una peregrinación por las casas de todos sus compañeros para pedirles en persona que voten por ella el lunes. Tenía para hacerlo dos días y una noche, y estaba dispuesta a intentarlo.

Dos días, una noche

Descubre que cada uno de sus compañeros tiene sus motivos, y comprende que mil euros es una cantidad difícil de despreciar, pero ella necesitaba su empleo, si no, no podría ni pagar el alquiler y el sueldo de su marido no le llegaba. Pero yendo de casa en casa se va encontrando con la situación de cada uno. Mujeres que influencian a sus maridos, madres que necesitan el dinero, incluso algún compañero se pone violento y otra tiene un fuerte enfrentamiento con su marido. Otro tenía un contrato temporal, y temía perder su trabajo si ella se quedaba, y otros tenían miedo a ser marcados por la empresa y convertirse en los próximos.

Dos días, una noche

Durante su camino siente la tentación de caer de nuevo en el tedio de su depresión, enganchada a sus pastillas y siempre al borde de un ataque de nervios. Pero su marido, un hombre encantador, no se lo permite, siendo uno de sus principales apoyos.

Dos días, una noche

El espectador va entendiendo cada vez mejor toda la realidad en la que se mueve Sandra. Es fácil ponerse en su lugar y pensar que muy probablemente nadie renunciaría a nada para que conservaras tu puesto de trabajo, y que todos a la vez son víctimas de una situación injusta promovida por un jefe que los utiliza como marionetas. Todo esto regado por la crisis, el eterno tema desde hace unos años y el caldo de cultivo perfecto para la injusticia, la avaricia, la falta de esperanza y el futuro incierto.

¿Y qué pasa al final con Sandra? Pues ya os adelanto que termina consiguiendo más apoyos de los que esperaba al principio, pero ¿serán suficientes? ¿Podrá conservar su trabajo? ¿Lo conservaría incluso a costa del de otro? Su empresa le tiene guardada otra sorpresa, retorcida y tramposa.

Dos días, una noche

No os quiero adelantar más, debéis verla. Quizás el ritmo os parezca lento, las cosas no están narradas desde el principio, hay que ir descubriéndolas, y las situaciones se suceden con una pasmosa naturalidad para ser el tema del que hablan, pero esa es su grandeza, y marca del cine europeo.

Dos días, una noche

Los hermanos Dardenne firman esta historia que suma otra película sencilla a su filmografía, demostrando ser maestros de lo cotidiano, pero no por ello menos chocante. Situaciones que sobrepasan la crisis, que van más allá de la economía, que tocan la dignidad de las personas menos favorecidas o fuera del sistema. Como ya hicieran en Rosetta (1999) o con El Niño, ganadora de la Palma de Oro en Cannes en 2005, demuestran que se mueven en el llamado “drama social” como pez en el agua.

Dos días, una noche

 

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